El argumento que el independentismo catalán ha manejado con más insistencia sufrió este domingo una derrota sin paliativos. La falsedad de la idea de que existe un solo pueblo unido detrás de su causa y que, por tanto, tiene toda la legitimidad para forzar una secesión unilateral, ha sido puesta en evidencia. La sociedad catalana es mucho más plural de lo que se ha machacado sin descanso desde el nacionalismo durante los últimos años. Nadie puede discutir la capacidad de movilización de los independentistas, y nadie discute que hay una parte importante de catalanes que reclama otra relación con España. Lo que desde este domingo será también indiscutible es que existe una inmensa cantidad de catalanes que rechaza la llamada a desconectarse de España. Las fuerzas independentistas se habían esforzado en que fuera la calle la que diera legitimidad a la mascarada parlamentaria que orquestaron con las leyes del referéndum y transitoriedad, y ha sido la calle la que les dijo este domingo en Barcelona que así no, que no quieren saber nada de un proceso que pasa por destruir el Estatut y la Constitución.Seguir leyendo.
Via: Fin de la hegemonía
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