El primer aviso al 911 tuvo lugar a las 7.53 de la mañana: “Hay sangre por todas partes”. Bobby, una mujer de la zona, se hacía entender a duras penas, tenía la voz trémula, el habla entrecortada y respiraba con ansia. Había encontrado a su cuñado, Chris Rhoden, y a un primo, Gary, heridos, probablemente muertos, en el 4077 de Union Hill. Tenía llaves de la casa porque acudía con frecuencia a alimentar a los animales.Seguir leyendo.
Via: La noche que mataron a ocho de la familia Rhoden

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