LA VIDA de Amaia Romero cambió en un abrir y cerrar de ojos. A la cantante pamplonesa la fama le llegó de forma repentina. En apenas unos meses pasó de ser una adolescente desconocida a situarse en el foco de la atención mediática. Después de ganar Operación Triunfo y de representar a España en Eurovisión, le costó asimilar su nuevo rol. La propia artista reveló que eso le provocó inestabilidad emocional y que tuvo que acudir a un terapeuta. Y es que saber gestionar la fama es un desafío para el ego. La percepción de los demás sobre el afectado varía y este, muchas veces, queda sepultado por el personaje público. Es como si viviera en una realidad paralela. Los expertos alertan de que no controlar esas sensaciones puede acarrear graves problemas psicológicos.Seguir leyendo.
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