El guarda del refugio Hörnli, a los pies de la vertiente suiza del Matterhorn (Cervino para los italianos), custodia la puerta de salida con los brazos cruzados. Nadie puede salir hasta que el reloj marque las 4.50 de la madrugada. Frente a él, algo más de 30 guías de alta montaña y sus respectivos clientes aguardan en un clima de tensión. Guiar la arista Hörnli es un trabajo único en el mundo del alpinismo. Visto desde la lejanía, el Cervino (4.478 metros) es la montaña perfecta, soñada, cuatro aristas bien definidas que convergen en su cima, una invitación estética cuyo atractivo sigue siendo irresistible. Pero una vez que uno pone sus pies en la montaña, comprueba horrorizado que se trata de un lugar sumamente peligroso, una escombrera de roca descompuesta donde los peligros objetivos resultan casi insoportables. Se han registrado tantos accidentes en esta montaña —unos 500 muertos— que los guías suizos decidieron organizar el tráfico… a su manera.Seguir leyendo.
Via: Un día de estrés y miedo en el Cervino

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