Kelly Lindsey (Omaha, Nebraska, 1979) había recorrido Estados Unidos de costa a costa como jugadora de fútbol profesional y sus estudios de antropología en la Universidad de Notre Dame despertaron su curiosidad y su afán de exploración. Se había sacado el título de entrenadora cuando una sucesión de azares la llevaron en 2015 a ponerse al frente de la selección femenina de fútbol de Afganistán. No tenía ni la más remota idea de que se embarcaba en una misión mucho menos vinculada al fútbol que a la defensa de los derechos humanos.Seguir leyendo.
Via: “Las afganas arriesgan su vida para jugar al fútbol”
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