Es posible que la influencia que ha tenido la economía sobre la historia, como sobre las demás ciencias sociales y las humanidades, sea la causa de que en ocasiones a los historiadores les incomode el papel que desempeñan la personalidad y las emociones en los sucesos. Yo soy de la opinión de que hay que prestar atención a ambos. Si en la década de 1930 hubiera estado al frente de Alemania otra persona que no fuera Hitler, ¿lo hubiera arriesgado todo ese hombre o mujer en una guerra contra Francia y Reino Unido, y luego contra la Unión Soviética y Estados Unidos? Si el militarismo japonés no hubiera estado tan obsesionado con que la amenaza de que Estados Unidos se pavolviera demasiado fuerte como para que ellos pudieran derrotarlo, ¿hubiera ido Japón a la guerra en 1941, cuando aún tenían posibilidades de salir vencedores? El miedo, el orgullo o la ira son emociones que crean actitudes y decisiones, tanto o quizá más que el cálculo racional.Seguir leyendo.
Via: Las emociones que mueven la historia
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