En los últimos años de su vida, Margaret Thatcher visitaba de vez en cuando la casa de campo de uno de sus muchos admiradores. Se sentaba sola frente a un cuadro victoriano llamado The Leamington Hunt que representaba una escena de caza con decenas de sabuesos. La “dama de hierro” contaba una y otra vez los perros. La repetición tenía un efecto terapéutico en una mujer de más de 80 años cada vez más derrotada por la demencia senil.Seguir leyendo.
Via: La soledad y el declive de Margaret Thatcher
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