Las llamas en el cruce de Carrer de Mallorca con Pau Claris son tan altas que se ven desde Jacint Verdaguer, a 700 metros de distancia. Son unas llamaradas impresionantes que producen no curiosidad ni histeria, solo silencio. Un silencio cuya onda expansiva llega hasta la plaza de Jacint Verdaguer, donde hay gente —todavía queda gente así en Barcelona— que no se cree lo que está pasando. “¿Pero es un coche?”, pregunta un hombre sin dejar de grabar.Seguir leyendo.
Via: Barcelona arde mal, viaje al fin de la noche

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