Ponte Caldelas, Pontevedra, cuatro de la tarde. Un grupo de 25 voluntarios se dan cita por WhatsApp a las afueras del pueblo para llevar a cabo la primera batida en busca de esos miles de víctimas de los fuegos forestales que no tienen nombre ni apellidos, pero que también han perdido su vida, su familia, su casa, su sustento. La dueña del bar Martínez sale al paso de la comitiva y ofrece un montón de barras del pan que le han sobrado. Nadie sabe muy bien qué llevarles a unos comensales tan variados, hervívoros, carnívoros, insectívoros; pero ningún alimento les parece desdeñable en el paisaje fulminado. Algunos voluntarios han dedicado la mañana a recoger en los huertos esa fruta caída que nadie come; otros llegan a la cita con sacos de pienso para perros; los demás traen verdura y cosas que encontraron en la nevera. El ecosistema se ha desmoronado, ni siquiera el agua vale porque está contaminada de cenizas, pero a los dos o tres días del gran incendio los animales supervivientes empiezan a regresar en busca de su mundo, que ya no está. A lo lejos, uno de los grupos en los que se divide la comitiva descubre entre los esqueletos de los árboles un zorro joven que huye en cuanto ve a los humanos. Un poco más allá, aparece un jabalí desorientado, y luego una salamandra viva que nadie se explica cómo logró huir del infierno. También, semiocultos en el suelo calcinado, asoman los restos de un cánido. Bajo la capa superficial, la tierra todavía está candente. Hay que caminar en orden, con cuidado por los caminos, a toda costa. Porque pisar el monte arrasado sería hurgar en esta enorme herida negra del planeta.Seguir leyendo.
Via: Un ejército de voluntarios se organiza para salvar a los animales

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