Acercándose a extremos propios de Corea del Norte, que venera a la dinastía Kim como si fueran dioses, una exposición paralela al XIX Congreso del Partido Comunista chino, que se celebra estos días en Pekín, atribuye todos los logros de los últimos años a su presidente, Xi Jinping. Ocupando diez salas del Centro de Exhibiciones de Pekín, un edificio de estilo soviético coronado por una estrella roja y profusamente decorado con la hoz y el martillo que simbolizan el comunismo, la muestra es una loa incesante al primer mandato del presidente Xi durante el último lustro. Además de atribuirle todos los avances cosechados por China desde 2012, como el progreso económico para erradicar la pobreza y la proliferación de trenes de alta velocidad, la exposición reproduce decenas de fotografías y vídeos de Xi Jinping de lo más variado. Inspeccionando una fábrica y charlando amistosamente con los obreros. Visitando una cooperativa estatal para tomar luego, sentado en la postura del loto, una humilde cena en casa de unos campesinos. De uniforme militar, pasando revista a un batallón y hasta disparando con un fusil. Dirigiendo las reuniones del Consejo de Estado y del Partido Comunista. Entrevistándose con Trump, Putin y otros mandatarios del mundo para reflejar el ascenso internacional de China. Trabajando de joven en el campo, cuando fue enviado siete años a un paupérrimo pueblo de la provincia de Shaanxi para ser reeducado durante la «Revolución Cultural» (1966-76). Abrazando a unos ancianos y, por supuesto, cumpliendo el ritual clásico que no puede faltar en cualquier político sea de la ideología que sea: besando a un niño en la mejilla. Como colofón «kitsch« de su frugalidad, hay incluso una factura de una comida para varias personas en un bufé por 160 yuanes (20 euros). Dentro de este adoctrinamiento ideológico, que se ha intensificado bajo su mandato, la propaganda ha bautizado al presidente como «Xi Dada», que significa «Papá Xi«. Erigido en padre de los más de 1.350 millones de chinos, su figura ha trascendido el ámbito de la política para formar parte de la vida cotidiana. Retratado por los medios oficiales como un líder infatigable y cercano al pueblo, en las galas del año nuevo lunar se le dedican canciones cursilonas como «Te doy mi corazón» y reportajes donde no hay más que alabanzas y ni una sola crítica. A la buena imagen de Xi también contribuye su esposa, la popular cantante Peng Liyuan, que deslumbra con su elegancia en cada aparición pública. Hace dos años, los 12.000 aspirantes que se examinaban para entrar en la Universidad de Tecnología de Pekín tuvieron que pintar de memoria su rostro a carboncillo. Y de su libro «El Gobierno de China», traducido a ocho idiomas, se han publicado 20 millones de copias, aunque lo más probable es que se hayan regalado.
Via: El delirante culto al líder de Xi Jinping, el hombre más poderoso del mundo
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