Isabel y Miguel encontraron su reposo final encaramados al gozne de la puerta, a más de dos metros de altura. Francisca acabó en el recoveco de lo que, antaño, fue el camarín de un retablo. La niña Isabelita, en un agujero abierto en la pared de la sacristía. El fulgor de sus nichos blanqueados contrasta con la hipnótica decadencia de las ruinas de la iglesia que los acoge. Con muerte, cal y flores, el pueblecito gaditano de Villaluenga del Rosario resarció la profanación cometida durante el asedió francés de 1808. Sin pretenderlo, centenares de vecinos convirtieron los vestigios de su templo en una tumba monumental. Seguir leyendo.
Via: El pueblo que convirtió una iglesia profanada por los franceses en su tumba monumental
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