El sindicato de los metalúrgicos en São Bernardo do Campo es el lugar al que Lula siempre regresa. En ese edificio del cinturón industrial de São Paulo se forjó como el líder obrero que con tesón alcanzó la presidencia, sacó a millones de compatriotas de la miseria que tan bien conoció y logró que el mundo se enamorara de Brasil. Pero la corrupción hundió al que a principios de siglo fue el líder indiscutido de la izquierda latinoamericana. Menos de 24 horas después de recuperar la libertad tras 580 días preso, estaba de nuevo en el sindicato arengando con el carisma de siempre a una multitud de fervorosos seguidores. Defendió su decisión de cumplir condena, de no huir al exilio o a una embajada. Al terminar su discurso sobre un autobús, fue llevado a hombros hasta la sede sindical. Protagonizaba una escena idéntica a la de 581 días antes, cuando se despidió de sus fieles y fue llevado en volandas antes de entregarse a la policía, tras días atrincherado, para cumplir condena por recibir sobornos. Lula es la figura que más divide ahora mismo a Brasil (más de la mitad de sus compatriotas lo odia), seguido muy de cerca por el presidente Jair Bolsonaro.Seguir leyendo.
Via: Lula da Silva: la izquierda herida de Brasil vuelve
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