“Bueno, chicos, pues ya está”. Albert Rivera pronunció esas lacónicas palabras y se estrechó en un abrazo, uno a uno, con cada uno de los cinco miembros de su gabinete, a los que agradeció el trabajo de todos los años a su lado. Acababa de comparecer ante la prensa en el peor día de sus 13 años de carrera política: una debacle electoral sin paliativos le había sepultado en solo seis meses desde la tercera a la sexta fuerza en el Congreso; de 57 a 10 escasos diputados. En su despacho, en la cuarta planta de la sede de Ciudadanos en Madrid, Rivera aguantó entero con su gabinete, sin quebrarse. En ese momento no verbalizó que dimitiría a la mañana siguiente como presidente de Ciudadanos, pero todos lo dieron por entendido.Seguir leyendo.
Via: La caída a los infiernos de Ciudadanos en solo seis meses

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