Veinte años exactos —qué febril la mirada— después de que nos quedáramos sin Enrique Urquijo, el recuerdo del ser humano tenuemente se desdibuja en la memoria al tiempo que el mito no para de agigantarse. Es la ventaja de quienes fueron grandes, enormes, a su paso por este mundo: a falta de otras inmortalidades sobre las que no existe constatación empírica, es el legado de su obra el que les garantiza su eternidad. Y Enrique, que se nos fue tan pronto, cuando aún le faltaban unos meses para abordar la cuarta década de vida, dejó un reguero de títulos que emocionan a quienes le conocieron y a los que eran todavía eran unos pipiolos aquel anochecer otoñal y funesto de 1999. Canciones que nos sobrevivirán a todos y seguirán poniendo música a las vidas de aquellos que nos sucedan, incluso a quienes no llegaremos a conocer.Seguir leyendo.
Via: Lágrimas de amor por el eterno Enrique Urquijo
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