Todo pintaba mal para el Ejército rebelde de la Trece colonias en 1779: sin armas, sin pólvora, sin hombres, sin formación, sin ingenieros y sin barcos. Así que la posibilidad de salir victorioso era muy reducida si no se lograba la ayuda de las dos únicas potencias que podían enfrentarse en los mares y en tierra al temible Ejército británico de Henry Clinton y George Cornwallis: Francia y España. El diplomático Benjamín Franklin consiguió, finalmente, implicar a ambos países, que formaron una potente escuadra de ayuda. Pero cuando todo estaba preparado para acudir al rescate de las tropas de George Washington, se lo pensaron mejor. ¿Y si atacaban directamente a Inglaterra que tenía repartida su flota por los mares de América? Y eso decidieron. El estadounidense Larrie D. Ferrero, doctor en Ciencias y Tecnología por el Imperial College de Londres y finalista del Premio Pulitzer en Historia, relata esta poco conocida historia en su nuevo libro, Hermanos de Armas (Desperta Ferro Ediciones).Seguir leyendo.
Via: La ameba que salvó a Inglaterra de la ‘segunda Armada Invencible’

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