Esta Nochebuena el rey se enfrentaba a uno de sus discursos de Navidad más difíciles -el del 3 de octubre de 2017 ya pertenece a otro género, el de la excepcionalidad-. Era difícil por muchas razones. La primera y fundamental, porque por primera vez en nuestra democracia la dirección de la vida público-institucional no va a estar solo en manos de actores con firmes adscripciones constitucionalistas. Como todo el mundo sabe, Podemos es declaradamente anti-monárquico y, de producirse al final la abstención de ERC, al republicanismo de este partido se une su explícito rechazo al actual Estado. Pero ahí no queda la cosa. ¿Qué decir de tan larga interinidad política, o de la creciente fragmentación y polarización entre nuestras fuerzas políticas? Por mucho que su figura deba sobrevolar los detalles de la confrontación política partidista, su propia figura va asociada a la defensa de las instituciones, la integridad del Estado y el bienestar de España. ¿Se deslizaría alguna crítica, aunque sea entrelíneas, a la incapacidad de nuestros actores políticos para alcanzar acuerdos o al deterioro institucional?Seguir leyendo.
Via: Discurso real como terapia colectiva
Categories: Spanish News