Detrás de Tom Angua, una multitud de campesinos trabaja en varias parcelas delimitadas por un marco de piedras. “Tenemos el deber de ser amables con los demás en tiempos de necesidad. Nuestra hospitalidad permite que todo esto sea posible”, reflexiona. Desde que comenzó la guerra civil en Sudán del Sur en 2013, el flujo de personas que huyen de la violencia se ha dirigido principalmente hacia la región ugandesa del Nilo Occidental. La emergencia duró años hasta que, entre 2018 y 2019, el número de refugiados finalmente se redujo, alcanzando una cifra de alrededor de un millón de personas. Uganda ha reaccionado a esta crisis humanitaria adoptando una política drásticamente diferente a la elegida por la mayoría de los países que se han enfrentado a una situación similar, manteniendo sus fronteras abiertas y entrantes. El lugar conocido como Rhino Camp, situado en el distrito de Arua, al noreste del país, es ejemplo del resultado de aquella decisión.Seguir leyendo.
Via: El país pobre con fronteras abiertas para los refugiados

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