Nuestra devoción por la cultura griega es seguramente una forma de eurocentrismo, la versión clásica del nacionalismo. Ni Pitágoras concibió el teorema que lleva su nombre, ni la escala musical que también lo lleva, ni Platón descubrió los sólidos platónicos, ni los griegos inventaron el alfabeto griego. Todos esos avances esenciales surgieron mucho antes, por lo general entre el Tigris y el Éufrates, la verdadera cuna de la civilización occidental. Lo mismo ocurre con las constelaciones, esas figuras que forman las estrellas y que parecen transmitirnos mensajes mitológicos, que siempre nos hemos empeñado en adjudicar a los griegos, pero que tampoco inventaron ellos. Las tablillas cuneiformes del Éufrates demuestran que casi todas esas constelaciones y mitologías asociadas provenían también de Mesopotamia. La antigua Grecia fue la pionera del espionaje industrial.Seguir leyendo.
Via: Betelgeuse se muere
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