Cuando la señora Dorita Lerner viuda de Barclays cumplió ochenta años, repartió la mitad de su fortuna entre sus hijos. Ahora se arrepiente de haber sido tan generosa. Temerosos de que viviera hasta los cien años o más, pues gozaba de estupenda salud, sus hijos la presionaron obstinadamente, majaderamente, para que les donase la mitad de su fortuna, heredada de su familia, dueña de minas, y ella, mujer de honda fe religiosa, de gran corazón, acabó cediendo, contrariando el consejo de su amigo de toda la vida, el Cardenal, quien le advirtió: -Si les regalas tanta plata a tus hijos, los vas a convertir en zánganos, en haraganes, en buenos para nada. La opinión del Cardenal no era desinteresada: recibía una abultada… Ver Más
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