La esposa de Barclays, Silvana, regresó del gimnasio y sentenció: -Tenemos que cambiar las alfombras de mi cuarto. Son un asco. Renuente a toda reforma doméstica o redecoración de la casa, enemigo de que personas extrañas entrasen en esa casa donde había sido tan feliz, Barclays preguntó: -¿No podemos lavarlas? -No -afirmó Silvana-. Quiero cambiarlas. Como la casa de Barclays era una satrapía donde Silvana mandaba y él obedecía sin chistar, Barclays llamó a Mario, el empleado todoterreno, y le encargó que cambiase las alfombras. De origen salvadoreño, inmigrante indocumentado, sin papeles ni permisos para residir en los Estados Unidos, padre de cinco hijos, miembro de una iglesia evangelista, Mario trabajaba con Barclays hacía poco más de diez años y… Ver Más
Via: La maleta escondida
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