El primer acto de la campaña electoral de Junqueras consiste en su ingreso en prisión. Será la celda de Estremera su espacio privilegiado de propaganda victimista, su oficina de reclutamiento. No tardará Oriol en compararse a Gandhi ni a Mandela. Convertirá a los siete consellers encarcelados en los siete samuráis, perfilando entre todos la pasarela melodramática del martirio. Y reclamando a sus votantes la solidaridad masiva de las calles y de las urnas. Le ha concedido la juez Lamela a Puigdemont una reanimación providencial, pero la gravedad de los delitos —rebelión, sedición, malversación— en que podría haber incurrido el vicepresidente y sus costaleros contradice que se les hubiera tratado con indulgencia, piedad o condescendencia. La justicia no puede plegarse a la oportunidad política. Sería incongruente y hasta peligroso inculcar en la sociedad el escrúpulo del Estado de derecho y el principio fundacional de la separación de poderes para luego someterlos a la conveniencia de la agenda electoral.Seguir leyendo.
Via: Una campaña entre rejas

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