El espíritu de Masanobu Fukuoka, filósofo de la agricultura natural que murió en 2013 después de vivir casi un siglo, llegó ayer desde Japón a la sierra de San Mamede, un paisaje ourensano engullido por el fuego que en el XIX fue escenario de los salvajes crímenes del “hombre lobo” español, Manuel Blanco Romasanta. Y lo hizo en forma de tirachinas fabricado en Portugal, en medio de la espesa niebla helada que coronaba el municipio de Vilar de Barrio. Había expectación antes de empezar el día, porque el sábado se había anunciado por WhatsApp la presentación mundial de un “exclusivo aparato reforestador de tecnología puntera”. Pero el artilugio consistió justo en eso: un buen tirador de madera, con goma elástica y resistente, posiblemente improvisada con una cámara neumática de bicicleta; capaz de lanzar bellotas, nueces y castañas a varios metros de distancia, a poder ser en parábola.Seguir leyendo.
Via: Salvar el bosque con tirachinas
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