El grito de una gaviota es lo único que rompe el silencio en las estrechas calles de Muxía. La gente descansa y duerme la siesta. El mar está hoy tranquilo. Este pueblo gallego se aventura al Atlántico en forma de península. Sus casas de apelotonan como si se estuvieran protegiendo hombro con hombro del viento húmedo. Algunas fachadas están gastadas por el salitre. El aire huele a mar, las barcas y aparejos de pesca aparecen en cualquier esquina y las olas conforman un rumor de fondo. Es el corazón de la Costa da Morte.Seguir leyendo.
Via: “Muchos nos forramos con el ‘Prestige”

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