La violencia es algo tan cotidiano para Elena que cuando se le pregunta desde cuándo tiene constancia de ella, pone cara de haber escuchado una tontería. Y se ríe: “Desde siempre”. A los seis años su madre la libró de un tiroteo enfrente de su casa, mientras ella jugaba con la pelota. En el colegio, nadie le hablaba porque sus primos eran líderes de una pandilla y, claro, a saber qué les podía hacer una niña de 12 años. Todavía ahora, en la universidad, cuando sus compañeros se enteran de cuál es su barrio, piensan: “Uyyyy….”. Y aunque se lo toma a guasa, esta joven de 21 años apasionada del breakdance y el hip hop, admite que vive con una máxima: “Oír, ver y callar”.Seguir leyendo.
Via: La violencia, el estigma eterno de San Pedro Sula
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