NA PILLEIRA NUN cabin as albas!”. Nicolás, con cinco años, miraba a su padre y decía: “La abuela habla raro”. Este le traducía: “Que en el saco ese no caben más cenizas”. El crío tardó años en entender que en el pueblo de sus abuelos (Eljas, Cáceres), donde las casas se amontonan en vertical como los libros se apilan en la mesita de noche, la gente no hablaba, sino que falaba.Seguir leyendo.
Via: La lengua secreta de 5.000 extremeños
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