Casi todo el mundo tenía prisa en ese submarino por llegar a Mar del Plata. Pero algunos más que otros. Fernando Santilli, que se embarcaba por primera vez en el ARA San Juan, se había perdido el primer cumpleaños de su hijo, Stefano, y quería recuperar ese momento cuanto antes. Eso le había contado desde Ushuaia a Jessica, su mujer, la última vez que hablaron. Pedro Martín Fernández, el capitán, le había prometido a su madre, Emma Nelly, que sería su último viaje. Después de esto se quedaba en tierra, le juró. Cada uno tenía sus motivos. Casi todos los 44 tripulantes tenían hijos esperándoles en la base a la que se dirigían cuando algo salió muy mal.Seguir leyendo.
Via: Una tumba sin respuestas en el abismo del océano
Categories: Spanish News