El primer regalo que le hizo su padre a Alejandro Sanz (1968, Madrid) fue una raqueta y él no dudó: aquel era un objeto fantástico para ponerse frente al espejo imitando que tocaba una guitarra. No quería ser cantante, quería escribir canciones. Por eso, en su juventud de estudiante mediocre era alternativamente el colega que animaba la fiesta y el friki que siempre andaba acompañado de un lápiz y un bloc de notas.Seguir leyendo.
Via: Las esencias de Alejandro Sanz en 595 páginas
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