En los procesos de construcción nacional, una pieza central es la fabricación del enemigo. No importa que se trate de un vecino, de alguien con quien te cruzas por la calle, de un familiar, incluso: si no comulga con tu creencia en la Nación, si no comparte tus ritos, si no participa en las mismas liturgias, si no enarbola tus banderas, es tu enemigo y, si te resulta imposible exterminarlo, tienes que arrojarlo a las tinieblas exteriores. Así es desde su origen esa religión civil que conocemos como nacionalismo.Seguir leyendo.
Via: Insensata aventura
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