La distopía de la Cataluña independiente se revela como una premonición en la acrópolis de Barcelona. Se yergue en el mirador cenital de la ciudad un parque temático de España que Primo de Rivera fundó en 1929, que Franco convirtió en el recinto de la pedagogía patriótica y que los turistas de 2017, ajenos a la disputa territorial, observan con entusiasmo y candor, a semejanza de una experiencia integral, un pasaje de iniciación, una full inversion de españolismo que permite en dos horas degustar el pescaíto en una callejuela de Córdoba, visitar la muralla de Ávila, sobrecogerse en las Carmelitas de Alcañiz y deleitarse con el plateresco salmantino.Seguir leyendo.
Via: O victoria o pucherazo

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