“Al principio, durante dos o tres semanas, estuvimos sin saber para qué investigación estábamos trabajando”, recuerda Marcos Pérez, portavoz de la empresa en la que un día de la primavera pasada recaló la Guardia Civil buscando desesperadamente una prueba tangible contra el fantasma del hombre que se había llevado a Diana Quer. Los ingenieros de ISV Constructores y Reconstructores de Accidentes, con sede en el municipio pontevedrés de O Porriño, próximo a Vigo, están habituados a recibir encargos policiales y a dar respuestas que parecen salidas de una película de ciencia ficción sin que los investigadores les den demasiados detalles acerca del caso. Esta vez tenían que lograr el “retrato robot” de un vehículo. Y solo tenían fotos, y más tarde breves secuencias de vídeo, de unos fogonazos que circulaban en lo más oscuro de una noche de verano sobre un tramo concreto de la AG-11, la Autovía do Barbanza, por donde se sabía que había viajado el móvil de la joven madrileña antes de perderse su rastro.Seguir leyendo.
Via: La “bola de luz” que llevó a Diana Quer
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