Cien mujeres francesas del ámbito de la cultura firman un manifiesto en favor del patriarcado en Francia y su eco tiene resonancia en todo el mundo. Es la estrategia habitual, cuando las demandas feministas calan en buena parte de la sociedad y se evidencia no solo que sus reivindicaciones son justas, sino que son necesarias y urgentes, se busca rápidamente mujeres que hagan el trabajo sucio, es decir, que se enfrenten a estas demandas para ganar un poco de tiempo. El patriarcado busca mujeres para hacer el trabajo cuando éste no es aceptable para los hombres, es decir, cuando los hombres tienen miedo a hacerlo porque evidenciarían demasiado su situación de poder o porque simplemente, sus argumentos son inconsistentes. La historia tiene miles de ejemplos. En España, probablemente, el paradigma sea el enfrentamiento que sostuvo Victoria Kent con Clara Campoamor cuando ésta defendía el derecho al voto para las mujeres. El partido de Kent solo tenía una diputada y fue ella precisamente la elegida para sostener lo indefendible: la negativa al sufragio universal. Los franceses han hecho lo mismo, esconderse tras cien mujeres para defender lo indefendible: la violencia masculina, especialmente sexual, que sufrimos las mujeres en todo el mundo.Seguir leyendo.
Via: Un tsunami de verdad y hartazgo, por Nuria Varela
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