Por Nochebuena, por mi cumpleaños o por mi santo, ya que nuestro nombre es el mismo, en las fechas señaladas, me llama siempre mi tía. La única, por ser la última de todos ellos. Su voz suena cantarina, con el timbre característico de los habitantes de ese enclave valenciano arrimado a Teruel en el que pareciera que todo el mundo tiene una capacidad pulmonar sobresaliente. Como para soltarse de pronto y cantar una jota. La dicción es la marca de la tierra. Todas las sílabas brillan con igual intensidad, no hay una que se pierda. Escucho su voz y viene a mí toda la infancia, el color rojo de la tierra ademucera, el marrón chocolate de las aguas del Turia, los olores frutales, la libertad única que vivían los niños de los pueblos pequeños. Hay un eco cuando me habla y es el de la casa. A mí ese eco me suena ahora a frío y a pueblo medio despoblado. Pero el romanticismo del recuerdo solo me lo permito en la ciudad, porque cuando estoy allí, en el pueblo, tengo comprobado que para ellos resulta algo ofensivo que tu mente solo esté poblada de recuerdos de un lugar que ya no existe de la misma manera. Su presente es otro. Y tú vas poco, así que paulatinamente pierdes el derecho a juzgar y opinar.Seguir leyendo.
Via: Dios de la muerte pacífica
Categories: Spanish News