Una de las últimas visitas turísticas que hizo Jim Morrison en París fue al cementerio de Pere-Lachaise a buscar las tumbas de Edith Piaf, Chopin, Bizet, Balzac y Óscar Wilde. Morrison volvió allí semanas después metido en una caja, como hay que morirse siempre: en París, bajo circunstancias no aclaradas y velado por cinco personas, ninguna de la familia. Algo así le pasa a la Academia del Cine, que tiene la misma capacidad para atraer incautos deslumbrados y convertirlos en cadáveres a los que peregrinar para dejarles flores y whiskey. Uno va a presentar los Goya admirando las lápidas de los que le precedieron sin sospechar que al acabar será la lápida más famosa de todas.Seguir leyendo.
Via: He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por los Goya

Categories: Spanish News