La máquina de coser nunca tiene sueño. El zumbido se oye de noche, de madrugada y despierta a los vecinos por la mañana. Mandan los pedidos, las necesidades de un patrón que nadie conoce ni quiere conocer. No hay descansos ni recesos para el almuerzo. Justo donde se cruzan la calle Nino Rota y la Pistoiese, en un sucio callejón del polígono Macrolotto de Prato, lleno de talleres y un Porsche 911 turbo aparcado en la acera, se cose a destajo y se rematan las prendas que llevarán el prestigio del made in Italy por el mundo. Una cuarentena de personas, alineadas bajo fluorescentes industriales y abrigadas con anoraks y bufandas, respiran un pesado olor a comida sin levantar la vista de la maquina. “¿Alguien habla italiano?”. Nadie responde.Seguir leyendo.
Via: El gran dragón ‘made in Italy’
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