Uno se hace periodista por muchas razones. Pero hay regalos imprevistos que te da esta profesión y que al final tienen una importancia decisiva en la vida. Yo admiraba a Forges desde siempre. Fui una adolescente que empapelaba carpetas con sus dibujos. Siempre divertidos, siempre certeros, siempre tiernos. La primera vez que le entrevisté me sentí como el escalador que consigue llegar a la cumbre. Y pensé que quizás también me había hecho periodista para poder conocer a Antonio.Seguir leyendo.
Via: Lo mejor no estaba en las viñetas

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