Madrid, una política lenta y de pequeñas cosas “La gente está harta de escuchar, lo que quieren es que se les escuche. Cada mes voy a un distrito, me siento con ellos y me preguntan”. Esa es la síntesis del estilo de Manuela Carmena, explicaba este viernes desayunando en su oficina. “Eso la gente lo valora. Lo que más le preocupa son los problemas individuales, por cosas que les resultan absurdas. Que tardes seis años en dar la licencia de un ascensor y cosas así. La gente quiere sentido común y ser atendidos. Yo intento solucionar las cosas pequeñas. Lo apunto y lo intento arreglar”. Es literal, tiene una persona solo para eso. Saca datos: hasta enero ha recibido personalmente 543 quejas y ha resuelto el 64%. “Había un hambre total de estas cosas”, dice en referencia a los 25 años previos del PP. La pregunta es si, uno a uno, se puede cambiar una ciudad de 3,1 millones de habitantes. Ella cree que sí, con las pequeñas cosas. Pero para oposición y vecinos son demasiado pequeñas.Seguir leyendo.
Via: 1.000 días de los ayuntamientos del cambio

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