El fenómeno no es nuevo. Los trovadores cantaban en los romances de ciego las muertes más truculentas de pueblo en pueblo mucho antes de que los sucesos ocuparan masivamente las portadas de los periódicos o abrieran los informativos de televisiones y radios. El crimen y la violencia forman parte de nuestro ADN. La muerte de un niño o la violación y asesinato de una adolescente secuestrada en plena noche multiplican casi un 40% las audiencias. Internet ahora nos permite seguir en tiempo real la investigación y las consecuencias de un crimen, tocar prácticamente a esa madre que llora desgarrada por la pérdida de un ser querido.Seguir leyendo.
Via: Por qué somos adictos a los sucesos

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