En un viaje, el factor sorpresa es esencial. Los hay más y menos impactantes, algunos incluso pasan desapercibidos. Pero Islandia tiene algo que hace que los ojos permanezcan completamente abiertos, que no se puedan cerrar ni un segundo, porque cualquier elemento de esta isla contiene belleza. Nadie debería perderse todo lo que esconde este rincón ubicado al norte del Atlántico, por eso, hace unos días decidí pisar esta tierra de hielo y fuego. Donde además de admirar caballos que parecen ponis, descubrí que cuenta con el Parlamento más antiguo del mundo, que su plato estrella es el cordero, que la moneda de allí es la tarjeta y que la tecnología te ayuda a perseguir las auroras boreales —al menos, a intentarlo—.Seguir leyendo.
Via: Siete cosas que me sorprendieron en mi primer viaje a Islandia
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