Negro es un sabueso mestizo y herido que no quisiera regresar al desolladero. Se ganó un cambio de vida y convertirse en guardián, un hueco para dormir a gusto cuando consigue pegar ojo, buenas costillas de ternera, darse un garbeo si se lo pide el cuerpo, pero a costa de no saltarse unas pocas reglas y códigos sagrados. A través de sus ojos y sus patas, Arturo Pérez-Reverte ha trasvasado en Los perros duros no bailan (Alfaguara) esa moral identificada con su estilo al mundo canino. Algo que podríamos llamar humanismo animal y que es trasfondo de muchos de sus personajes bandera.Seguir leyendo.
Via: Pérez-Reverte: “El maltrato animal en España sale gratis. La legislación es una vergüenza”
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