A Pitol le impresionó que la colombiana Milena Esguerra, esposa de Tito Monterroso durante algunos años le dijera que si él lo permitía, acabaría esclavizado hasta a un par de pantuflas. Por eso él nunca se esclavizó a nada, aunque claro, le encantaba el gran escritorio que se trajo como diplomático de Rusia o las pinturas que compraba en la Galería de Arte Mexicano de Inés Amor siempre voló alto y que si escogió Jalapa fue porque la amaba.Seguir leyendo.
Via: Viajero de sí mismo

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