Arlene Sharpe ha hecho descubrimientos fundamentales para el desarrollo de la inmunoterapia contra el cáncer. A finales de los años 90, esta patóloga e inmunóloga de la Escuela de Medicina de Harvard (EE UU) demostró que la ausencia de la molécula CTLA-4 hacía que los ratones transgénicos sufriesen una grave enfermedad autoinmune que se infiltraba en sus órganos vitales y los destruía como si no fueran parte de su cuerpo. En cambio, la presencia de esta molécula mantenía a las células inmunitarias a raya. Años después, su equipo codescubrió PD-L1, otra molécula con efectos similares que se expresaba en las células del sistema inmune, pero también en las de los vasos sanguíneos, la placenta y —sorpresa— las células tumorales. En 2011 se aprobó la primera inmunoterapia de alta eficacia basada en inhibir CTLA-4 para desencadenar una respuesta inmunitaria contra el melanoma. Poco después llegaron inhibidores de PD-1 y PD-L1 que se están aplicando en otros tumores de alta incidencia.Seguir leyendo.
Via: “Nuestros microbios intestinales pueden controlar la respuesta al cáncer”

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