Resulta intolerable ser testigo del sufrimiento de los niños, su machaque, su terror. Y nadie en su sano juicio certificaría que todos ellos son ángeles, sabemos que en ocasiones pueden ser crueles entre ellos, abusar de los más débiles, cebarse sin piedad con los que padecen taras físicas o psíquicas. Pero también representan la vulnerabilidad extrema, la ausencia de culpa, la inocencia amenazada. Las imágenes de barbaries que más han sobresaltado y desatado la lágrima en cualquier ser humano que no sea un malnacido son la de una cría vietnamita corriendo envuelta en napalm, el buitre acechando a una desnutrida y agonizante criatura en un poblado de Sudán y el cadáver de un niño sirio víctima de un naufragio en una playa de Turquía.Seguir leyendo.
Via: ¿Quién puede matar a un hijo?

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