Desde hace un par de décadas el relato sobre los efectos sociales de las nuevas tecnologías ocupa cada vez mayor espacio en la atención de las gentes. Asistimos con frecuencia a discusiones sobre el carácter neutral o no de las herramientas digitales, pero ninguna tecnología puede ser considerada inocente respecto a las consecuencias de su utilización. La confusión generada en torno a las fake news (noticias falsas) y la invasión de las redes por parte de poderes muchas veces ocultos que tratan de manipular el comportamiento del electorado en las democracias son solo aspectos parciales del trastorno creciente en los comportamientos individuales y sociales de los ciudadanos. Dicho trastorno es instigado por los mismos usuarios que lo disfrutan o lo padecen, y no responde a plan deliberado alguno, por lo que los intentos de regular el uso de las redes mediante la apelación a sistemas legales y represivos del antiguo régimen está condenado las más de las veces al fracaso. De cualquier manera, autoridades políticas y religiosas de todo el mundo comienzan a expresar públicamente su preocupación ante estos fenómenos, que tratan tanto de controlar como de corregir, y su incidencia en la vida de las gentes es a la vez causa de admiración y temor indiscriminados entre los ciudadanos de a pie.Seguir leyendo.
Via: El estado del planeta

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