Isidro dejó de fumar el día que nació Paco Molina, su primer hijo. 16 años estuvo sin dar una calada. Empezó de nuevo la noche que el joven desapareció, hace ahora tres años. “Lo volveré a dejar el día que regrese”, dice mientras camina frente a la estación de autobuses de Córdoba, el último sitio donde se vio a Paco. El punto exacto donde pareció evaporarse. Ahí se detiene y fija sus ojos en la entrada del recinto. Rosa, su mujer, lo mira tras unas gafas de sol mientras le cae una lágrima.Seguir leyendo.
Via: Los 12 olvidados
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