La detención de Eduardo Zaplana, años después de abandonar la política, retrotrae a aquellos años del aznarismo del enriquecimiento rápido y la avaricia de políticos sin escrúpulos; la mayoría de ellos, del partido gobernante. A Zaplana se le atribuyó —erróneamente porque lo dijo en realidad otro político del mismo partido— el principio de estar en la política para forrarse, pero su avidez por el dinero, su afición a impulsar megaproyectos millonarios que supusieron importantes pérdidas de fondos públicos y su estrecha relación con políticos y empresarios involucrados en asuntos de corrupción han mantenido extendida sobre él la sombra de la sospecha. La investigación de la Guardia Civil impulsada por la Fiscalía Anticorrupción apunta la posibilidad de que tales sospechas estuvieran fundamentadas. Solo el PP parece haberse visto “sorprendido”.Seguir leyendo.
Via: El eslabón Zaplana
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