Deben Iglesias y Montero a su feligresía una jornada de puertas abiertas. No es cuestión de convertir la mansión de Galapagar en la casa del pueblo, pero sería hermoso que los militantes pudieran visitar cada 27 de mayo la morada morada. Y revestir de idolatría y fetichismo los privilegios que se han concedido los líderes máximos en el regusto de la burguesía. Todo para la ciudadanía pero lejos de ella, podría acuñarse en el frontispicio del casoplón serrano.Seguir leyendo.
Via: Un magnífico mal resultado
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