Era inevitable que aquel niño que jugaba con las palabras estudiara periodismo. Y que, como todos los plumillas de aquellos años, compaginara los apuntes de la facultad con sus primeros trabajos. De la radio pasó a la prensa y de allí a la televisión. Los espectadores de Canal 9 le recordarán micrófono en mano y en el plató de informativos. No tardaron el ficharle en Telecinco y terminó en Madrid. Noche tras noche, Màxim Huerta (Utiel, Valencia, 1971) aparecía en pantalla con su dicción impecable y su aplomo para dar el parte de guerra, la de Irak.Seguir leyendo.
Via: Màxim Huerta, el ministro afrancesado
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