En El hilo invisible, la perturbadora historia de amor que el cineasta estadounidense Paul Thomas Anderson ha situado en el hierático corazón de un diseñador de alta costura inspirado en el español Cristóbal Balenciaga, el meticuloso costurero deja crípticos mensajes en el forro de sus fabulosas creaciones. Un gesto secreto que no responde a la fantasía del guionista de turno. Como aprendemos en McQueen, la película de Ian Bonhôte y Peter Ettedgui que se estrena este viernes y que bucea en la figura y la obra del malparado enfant terrible de la moda, lo de dejar mensajistos ocultos (y no siempre poéticos) en el forro de los trajes es una costumbre gremial bastante extendida. Según la leyenda urbana, McQueen lo hacía cuando era aprendiz de sastre en Savile Row con los trajes del príncipe Carlos. Y el diseñador italiano Romeo Gigli confirma que cuando el chico era su becario, y después de haberle mandado repetir tres veces una chaqueta, se encontró oculto en el forro de la prenda un “Que te jodan, Romeo”.Seguir leyendo.
Via: Alexander McQueen, el dolor como un objeto de lujo
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