En esto bajó Aznar de los cielos y se nos manifestó a los mortales. Lejos de pedirnos perdón (por los muertos en la guerra de Irak, en la que nos metió a los españoles por su santa voluntad, no por la nuestra; o por la corrupción de su partido en los años en que él lo presidía; o por haber elegido para sus Gobiernos casi tantos delincuentes como honrados), el reaparecido Aznar nos ha vuelto a reñir por no hacer caso de sus consejos, esos que amasa durante sus desapariciones y esparce sobre nuestras cabezas como la misericordia divina cuando regresa a la tierra desde su limbo celestial y puro. En esta ocasión la bronca ha sido más para sus correligionarios, a los que ha culpado de que su obra se dividiera, y la ha personalizado en su creación, ese Mariano Rajoy pusilánime, dubitativo y falto de valentía que le negó tres veces como san Pedro y al que sus enemigos acaban de desplazar del poder por no hacerle caso cuando debía.Seguir leyendo.
Via: Dios

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