Los etarras solían elegir su alias, y Juan (Ibon) Fernández de Iradi quiso ser conocido como Susper. Inteligente, en euskera. En efecto, este etarra así se consideraba. Siempre pensó que nadie sería capaz de desencriptar sus papeles que fueron intervenidos por la Policía tras su detención en 2002 –así se lo comunicó a la dirección de la banda. Entre otras cosas recogían el enorme listado manuscrito de «legales» (individuos que hacían su vida normal pero que también trabajaban para la banda), miembros de taldes, colaboradores, captables y captadores que operaban a sus órdenes en el País Vasco, Navarra y el sur de Francia. Un documento de los papeles de Susper que recogía las autocríticas de los etarras tras ser detenidos, conocidas como «kantadas» – ABC Se equivocó, y nunca lo lamentará lo suficiente. El reto que tenía por delante la Policía era de tal complejidad que a los especialistas en este campo de la Comisaría General de Información se les conoció como los «susperólogos», entre los que se encontraban también sus compañeros de las brigadas provinciales. Juntos, consiguieron lo que parecía imposible, y el resultado fue devastador para ETA: 103 detenciones. Esta es su historia. Subaparato de captación En 2002, Ibon Fernández de Iradi era responsable del subaparato de captación, llamado Arrantza (en vasco, pesca), una de las principales estructuras del aparato militar, al frente del cual estaba el sanguinario José Antonio Olarra Guridi. Este pistolero fue detenido el 19 de junio de 2002 en Talance (sur de Francia) durante una importante operación de la Comisaría General de Información en colaboración con la Policía francesa. Hasta él se llegó por la vigilancia a la que era sometido un piso utilizado por etarras. Ese día, uno de ellos salió de la casa para asistir a una cita, precisamente con el máximo responsable de los pistoleros. También fue arrestada, entre otros individuos de menor calado, Ainhoa Múgica Goñi y se descubrieron dos inmuebles que, sin embargo, no eran los utilizados por esta pareja. No fue hasta noviembre cuando se llegó a otro piso en Bergerac que era el refugio de los jefes etarras arrestados. En su interior se encontró alguna documentación, aunque también indicios de que había sido vaciado antes de ser descubierto… La Policía sospecha que el material que faltaba pasó a manos de Susper, al que algunos sitúan como sucesor de Olarra Guridi como jefe del aparato militar, convirtiéndose así en el principal objetivo de las Fuerzas de Seguridad. El plano de un objetivo, en los papeles de Susper – ABC El cerco sobre Fernández de Iradi comenzó a estrecharse el 5 de noviembre de ese mismo año, con la caída en Agen de Antonio Agustín Figal y Fernando Bert en manos de agentes de la Gendarmería francesa. Ese Cuerpo policial había montado un dispositivo de prevención de tráfico de drogas en puntos calientes de la ciudad. En la estación de autobuses los agentes vieron cómo dos individuos salían del vestíbulo y que al verles se ponían muy nerviosos, hasta el punto de intentar subirse a un autocar para escapar. Los policías franceses los interceptaron y los etarras se identificaron con documentos falsos; Figal como José Antonio Romero, y Bert como José Miguel Santamaría. Iban armados y llevaban numerosos documentos de ETA. De inmediato fueron detenidos como responsables del subaparato de captación. El estudio del material intervenido llevó a la Policía a la conclusión de que antes de que cayeran estos dos individuos esa estructura etarra estaba doblada, de tal manera que tendría dos cabezas al mismo nivel: la que formaban Figal y Bert y, como se supo después, la integrada por Susper y Lorena Chamizo, alias Pinpi… El entonces jefe militar de ETA siempre creyó que sus métodos de encriptación eran inviolables El 19 de diciembre, apenas cuatro meses después de la detención de Olarra Guridi y Múgica Goñi, caía en Saint Martin de Seignaux su posible sucesor, Ibon Fernández de Iradi. El arresto fue posible por el despliegue en Francia de policías españoles que controlaban puntos neurálgicos de carretera por los que era probable que pudieran pasar jefes etarras. Los lugares exactos de vigilancia se decidían tras el análisis de las detenciones que se realizaban y de la documentación que se intervenía, en la que en ocasiones aparecían lugares de citas. Los agentes se fijaban sobre todo en las marcas, colores y modelos de los vehículos que se habían robado en el sur de Francia, una información clave para poder orientar la búsqueda hacia una línea concreta. Así sucedió con Susper, que fue detectado cuando viajaba a bordo de un Renault Megane de color blanco. De inmediato fue reconocido por los policías españoles que hacían la vigilancia apostados junto a un puente por el que necesariamente los coches tenían que reducir la velocidad. Salieron tras él con sus compañeros franceses y poco después ya tenía los grilletes puestos. Junto a Susper, al volante del vehículo, viajaba Beltzane Obanos, una terrorista que poco antes había huido de España. Esa circunstancia hizo que desde el primer momento se descartase que tuviera un papel relevante en la estructura de captación, y que su actividad criminal en ese momento estuviera ligada al alquiler de inmuebles en territorio francés o a hacer de conductor del jefe del aparato militar, lo que demostraba que en todo caso era de su confianza. Los investigadores sospecharon además que en breve podía volver al «interior» para integrar un talde operativo. Ejemplo de texto que esconde la identidad de una colaboradora de la banda terrorista – ABC Susper y y Obanos iban armados, portaban documentación falsa y, lo más importante, se les localizó unos números de teléfono que se correspondían con los propietarios de los pisos de alquiler en los que dormían ellos y otros etarras… El error fue aprovechado a fondo por los agentes y poco después se localizaban cuatro casas. En la primera de ellas, en el número 62 de la avenida Bertrand Ferrer de Tarbes, fue detenida Lorena Somoza, Pinpi, sucesora de Susper al frente…
Via: Los papeles de Susper: el crucigrama de ETA

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